Dinosaurios

Hace 66 millones de años, donde ahora emergen los Pirineos, era un paraíso tropical con una vegetación formada por palmeras, helechos o coníferas entre la que se paseaban unos animales muy distintos a los que conocemos actualmente.

 

Enormes dinosaurios saurópodos estiraban el cuello para coger los brotes más tiernos, mirando de reojo que no se acercara un terópodo buscando algún joven titanosaurio o un cadáver del que recuperar algo de carne.
Las zonas fluviales eran el refugio de los rebaños de hadrosaurios y los pequeños dinosaurios acorazados, los anquilosaurios, mientras unos dinosaurios voladores muy parecidos a las aves actuales sobrevolaban sus cabezas. De vez en cuando, un inmenso reptil volador les asustaba, proyectando una sombra gigante sobre el suelo.

 

Cocodrilos, tortugas, anfibios y pequeños reptiles acompañan a nuestros antepasados, pequeños mamíferos que se esforzaban por sobrevivir en espera de que un golpe de suerte que les permitiera diversificarse y ocupar el lugar que dominaban los gigantes del Mesozoico: los dinosaurios.

Hadrosaurios

La gran mayoría de restos óseos de dinosaurios que se han encontrado hasta ahora en la Cuenca pertenecen a dinosaurios herbívoros del grupo de los hadrosaurios, popularmente conocidos como “dinosaurios de pico de pato”.

 

Uno de estos dinosaurios es el Pararhabdodon isonensis, un hadrosaurio lambeosaurino descrito a finales del siglo XX a partir de varios huesos del esqueleto. No obstante hay que destacar que durante los inicios del siglo XXI se ha descrito tres nuevos hadrosaurios lambeosaurinos a partir de restos incompletos de esqueletos tanto al sur como al norte de los Pirineos: Arenysaurus ardevoli, Blasisaurus canudoi i Canardia garonnensis.

 

Es difícil saber si estas cuatro especies coexistieron en esta zona o nos encontramos ante un rompecabezas biológico que sólo se podrá resolver a medida que avancen la investigación científica.

 

El Museo de la Conca Dellà exhibe una reproducción.

Titanosaurios

Eran dinosaurios herbívoros y cuadrúpedos que podían alcanzar dimensiones gigantescas. Pertenecían a los saurópodos, el grupo al que pertenece el animal más grande que jamás haya caminado por la Tierra.

 

Su presencia se constata tanto por el descubrimiento de huesos, como por la presencia de huellas y huevos de dinosaurio. Sus huesos y los huevos se conocen desde los años 50 gracias a los yacimientos del Pallars Jussà. El descubrimiento en los años 80 del yacimiento de icnitas del yacimiento de Fumanya (Berguedà) permitió la catalogación de más de 3000 huellas de estos grandes dinosaurios.

 

Los estudios científicos han permitido identificar un mínimo de 8 formas diferentes de dinosaurios saurópodos, casi todas ellas englobadas dentro del grupo de los Titanosaurios en el periodo cronológico que va desde hace 72 a 66 millones de años.

 

Se han identificado restos que corresponden a especies de tamaño muy grande (sobre unos 15 metros de longitud) y otras más pequeñas, en las que un adulto apenas llegaría a unos 6 o 7 metros de longitud total.

 

Dinosfera y el Museo del Institut Català de Paleontologia exhiben réplicas de estos dinosaurios.

Nodosaurios

Los nodosaurios eran dinosaurios herbívoros de tamaño relativamente pequeño (unos 3 metros de largo) y que tenían el cuerpo recubierto de duras placas óseas y espinas que los protegían de los depredadores. En la zona de los Pirineos sólo se han encontrado alguna placa ósea de la espalda, un húmero y algún diente, de una especie del género Polacanthus.

Teópodos

Los terópodos o dinosaurios carnívoros son conocidos por unos pocos restos en la Conca Dellà. Se han encontrado dientes y restos óseos en los yacimientos de Els Nerets, Conques o Molí del Baró , cerca de Sant Romà d’Abella y han permitido identificar diferentes tipos de terópodos.

 

Los hallazgos constatan la presencia de miembros del grupo de los velociraptorinos, pequeños dinosaurios carnívoros de unos dos metros de longitud, pero también se ha encontrado un diente de unos cinco centímetros de longitud en el yacimiento de Cabaña de Gori, que nos permite identificar un terópodo de unas medidas considerables, entre 3 y 4 metros de longitud, lejos de los grandes depredadores que se encuentran en América del Norte o en Asia.

Cocodrilos

En numerosos yacimientos de la se han localizado restos de diferentes especies de cocodrilos. Estos restos son, en general, escasas y poco diagnósticas lo que dificulta los estudios de diversidad de este grupo de reptiles durante el final del Cretáceo. Sin últimos estudios científicos han permitido identificar la presencia del género Allodaposuchus en el yacimiento de Casa Fabà. Los podréis conocer en Dinosfera y en el Centro Interpretación del Montsec de Meià.

Tortugas

Los fósiles de tortugas son frecuentes en distintos yacimientos de los Pirineos. En general consisten en placas del caparazón aisladas o pequeños conjuntos de placas que nos pueden ayudar a hacernos una idea general de la morfología y el tamaño del animal. Menos frecuentes son los caparazones enteros y sólo en casos excepcionales se conservan partes del esqueleto dentro ellos. Un hallazgo realizado en la zona el Barranco de Torrebilles permitió describir una nueva especie, Polysternon isonae.

Pterosaurios

Los pterosaurios eran reptiles voladores que convivieron con los dinosaurios durante el Mesozoico. Presentaban morfologías muy variadas y podían alcanzar dimensiones gigantescas, pero a finales del Cretácico sólo quedaba una familia de este grupo: los Azhdarquidos, pterosaurios sin dientes que alcanzaron unas medidas extraordinarias. ¡La especie norteamericana Quetzalcoatlus tenía una envergadura alar de unos 10 metros!